8 noviembre 2009

A falta de unas cuantas muertes con que acrecentar la caja diaria, la realidad sobre la gripe A que nos han recreado los medios en las tres últimas semanas podría ser un capítulo más de un maravillosos libro de Eduardo Galeano: Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Por una parte, el jurado de los Premios Príncipe de Asturias concedió el galardón de Cooperación Internacional 2009 a la Organización Mundial de la Salud. Por otra, uno de los periódicos españoles más prestigiosos ha arremetido ferozmente contra Teresa Forcades, con un reportaje titulado “Desmontando a la monja-bulo”.

La concesión del Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional a la OMS ha sido un acierto extraordinario del jurado: había que apuntalarla por algún lado. Su mayor mérito en ese terreno ha consistido en ponerse al servicio de las multinacionales farmacéuticas. Así, no tuvo reparos en provocar una inmensa alarma mundial pronosticando en 2005 la muerte de millones de personas a causa de la gripe Aviar. Y tampoco le está importando ahora, amañando el concepto de “pandemia”, acortando plazos en el proceso de fabricación de la vacuna, o prolongando la vida útil de un medicamento que ha probado su peligrosidad fehacientemente. Y todo, contra los datos que nos va proporcionando la realidad. Tanto, que la misma Margaret Chan, en su discurso de agradecimiento, reconoció que “El pánico con la gripe A fue probablemente mayor de lo necesario“. Ahora, cuando las empresas farmacéuticas ya hicieron su agosto. Pero, como prospere la denuncia de Jane Burgermeister ante el FBI, tendremos un Príncipe de Asturias (individual o colegiadamente) chorizo. ¡Fantástico! Aunque tampoco pasa nada: hay genocidas que han recibido el Nobel de la Paz.

No puedo entrar en detalles sobre el furibundo ataque del diario El País contra Teresa Forcades, porque aún no he leído ese reportaje “tan acertadamente titulado”. Pero en realidad no hace demasiada falta leerlo. Mucho más interés tiene la más reciente carta de su Defensora del Lector. Milagros Pérez Oliva reconoce explícitamente que al diario le salió el tiro por la culata, porque esgrimió más descalificaciones que argumentos.

Afortunadamente aún hay muchos miles de personas conscientes de que el uso de la descalificación (en vez de datos, hechos, argumentos y hasta teorías) como arma arrojadiza esconde una gran debilidad de quiénes lo practican: la carencia de argumentos. Sin embargo, el redactor jefe de Sociedad de El País (responsable de la publicación del reportaje), Ricardo de Querol, afirma que “el objetivo no es la neutralidad, sí la honestidad y el rigor”.

Pero, ¿cómo puede apelar al rigor el Jefe de Sección de un periódico que “olvida” lo que publica sobre un tema seis días antes? No obstante, su muy particular concepto del rigor se puso de relieve en la elección de los autores del reportaje. Uno de ellos, Emilio de Benito, es vocal de la junta directiva de ANIS (Asociación Nacional de Informadores de la Salud). Y otras personas aseguran que la coautora, María R. Sauquillo, también es miembro de esa asociación. Pero, ¿quién es su Vicepresidente segundo y tesorero? Don Julián Zabala, Director de Comunicación de Farmaindustria (Asociación Nacional Empresarial de la Industria Farmacéutica), que para eso financia una buena parte de las actividades de ANIS. ¡Dos auténticos “informadores independientes”!

Sin embargo, esta pataleta de El País oculta otra debilidad aún más mortífera para sus intereses vitales. Hace ya mucho tiempo que los grandes medios de comunicación son los principales recreadores de la realidad cotidiana, mucho más que la clase política, cuyo propio mensaje también es filtrado y recreado mediáticamente. En síntesis, hegemonizan el poder de crear y difundir socialmente pensamiento, opinión y actitudes; de dominar, aunque sea “un poco” (las más de las veces “un mucho”) nuestras mentes y nuestras vidas. Hasta ahora.

Internet, y sobre todo las tecnologías y actitudes sociales en la Red que se agrupan bajo la denominación “Web 2.0” están quebrando seriamente esa hegemonía. Y, además, generando relaciones horizontales, mucho más democráticas que las verticales de la “Web 1.0”. Y esto mismo señala la Defensora del Lector, reconociendo la enorme influencia de Teresa Forcades: las descargas de su vídeo se cuentan por centenares de miles. Y eso jode.

En cuanto al asunto de la conspiración para asesinar a centenares de millones de personas, principal falla del discurso de Teresa Forcades a decir de Milagros Pérez Oliva, no sé qué pensar. Pero sí estoy seguro de la existencia de una conspiración para vender fármacos a mansalva.

Y de tres cosas más. Primero, que las conspiraciones son tan viejas como la misma Humanidad, basta consultar un buen libro de Historia Antigua. Segundo, que son más frecuentes de lo que pensamos, sólo que desconocemos la existencia de las que han tenido éxito. Y tercero, que los medios de comunicación más poderosos son una pieza imprescindible en su ejecución: por eso Aznar telefoneó personalmente a los directores de los grandes medios de comunicación cuando conspiró con su Gobierno para atribuir a ETA la masacre del 11 de marzo.

15 octubre 2009

La OMS prosigue su campaña publicitaria a favor de las grandes empresas farmacéuticas, instando a los gobiernos para que ejecuten sus planes de vacunación al pie de la letra. Y los gobiernos, como burritos, a cumplir.

Hace tiempo que la gripe A no ocupa portadas en los medios de comunicación. En las últimas semanas está teniendo serios competidores en los casos de corrupción política, la frustrada candidatura madrileña a los JJOO de 2016, y unos cuantos desastres naturales en el Índico y el Pacífico.

Pero los medios de comunicación siguen haciendo de amplificador del miedo, ignorando a especialistas como Teresa Forcades, y publicando titulares como “la nueva gripe alcanza el máximo ritmo de contagios”. Poco importa que el mismo periódico publicara tan sólo seis días antes que “el repunte de la gripe A previsto para septiembre se retrasa”, porque “la incidencia de la enfermedad se mantiene todavía en tasas bajas, alrededor de 150 casos por cada 100.000 habitantes, cuando en los peores momentos de la gripe estacional se han llegado a producir picos de hasta 900 casos”.

Hay que leerse “la letra pequeña” del primer titular para enterarse de que “la enfermedad lleva tres semanas consecutivas en niveles epidémicos (más de 60 casos por cada 100.000 habitantes). Y subiendo. La tasa estimada de gripe clínica detectada la semana pasada fue de 94,72 casos por 100.000 habitantes, 20 puntos por encima de los 77,88% de la semana anterior.” ¡¡Ni tan siquiera llegan a los 150 casos que seis días antes consideraban como una tasa baja!! Y hay que seguir leyendo para concluir finalmente que “sin embargo, la tasa de mortalidad no sólo sigue siendo baja, sino que ha disminuido del 0,22 por cada mil afectados de la semana anterior al 0,17 de la pasada.” El problema es que la mayoría de los compradores de este periódico probablemente sólo leyó el titular.

Pese a esta presión mediática, “el 82% de los españoles cree que se está creando alarma social con la gripe A”, como publicó el mismo medio también unos días antes. En el lenguaje político-periodístico, la palabra “hemeroteca” equivale a la “memoria”. Pero la desmemoria de los medios de comunicación en este asunto, ignorando lo que ellos mismos han sacado tan sólo unos días antes, empieza a deslegitimarlos en lo esencial de su actividad: informar.

Lo enojoso es que nuestros gobernantes continúan sin enterarse de que la OMS y las empresas farmacéuticas están cada vez más solas en su campaña: ni los expertos, ni la ciudadanía se están creyendo su patraña.

Es fácil imaginar por qué la clase política no se atreve a desautorizar una organización internacional que forma parte de la ONU. La última vez que cuatro mentecatos lo hicieron, desataron un infierno. Y, por otro lado, si se desautoriza al “ministerio de sanidad mundial”, ¿qué impediría a los ciudadanos hacerlo también con sus propios gobiernos?

Seguramente lo que más cuesta creer a la gran mayoría de esos mismos ciudadanos es que nuestro “Gobierno Mundial” pueda estar al servicio de las grandes empresas capitalistas, y particularmente la OMS, que se ocupa de un bien humano tan sensible como nuestra Salud. Y, sin embargo, nuestros gobernantes sí que lo saben. Basta con que nos expliquen por qué Kofi Annan, el anterior Secretario General de la ONU, se ganó el “cariñoso” apelativo de “Mr. NestKoffee”.

4 octubre 2009

La alarma por la gripe A también está sirviendo para ocultar las verdades sobre la gripe A, amordazándolas o minimizándolas. Hace meses que se conocen indicios y pruebas suficientes de una conspiración para extender el virus de la gripe A y, como está sucediendo, multiplicar la venta de vacunas. Así al menos lo ha entendido la periodista científica austriaca Jane Burgermeister, quién presentó en el mes de junio una denuncia ante el FBI contra la OMS, la ONU, el Gobierno de los Estados Unidos, y varias farmacéuticas por bioterrorismo. Seguramente es una temeraria, pero no una iluminada, porque posee pruebas concretas.

Quizás alguien pudo leer esta noticia en algún medio impreso, o pudo verla en algún informativo televisivo. Pero resulta poco probable. La complicidad de los grandes medios de comunicación en esta conspiración (que sin duda ya lo es) aumenta cuanto más silencian el también creciente número de personas que denuncian esta maniobra de manipulación global.

Es el caso de (Sor) Teresa Forcades, doctora en Salud Pública y autora de Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas, entre otros trabajos. El vídeo Campanas por la gripe A, de Alish (una periodista independiente) es una exposición detallada (y corregida, cuando ha sido necesario) de los datos científicos y de los hechos probados de esta conspiración. Y también de sus consecuencias políticas inmediatas sobre la ciudadanía, que vería recortados algunos de sus derechos (una vez más), al mismo tiempo que las empresas y los políticos se autoeximen de cualquier efecto adverso (de una vacuna que los tendrá con total seguridad).

El vídeo no tiene desperdicio, aunque dura casi una hora. Por eso Teresa Forcades ha redactado un texto de cuatro páginas: “Una reflexión y una propuesta en relación a la nueva gripe”. Incluye un resumen de los hechos que llevaron a Jane Burgermeister a presentar su denuncia ante el FBI.

Y nuestros medios de comunicación sin enterarse. ¿Lo habrá hecho nuestra Ministra?

27 septiembre 2009

Las comparaciones son odiosas, pero permiten contextualizar y, sobre todo, apreciar mucho mejor la dimensión real de cualquier fenómeno. Mucha gente (médicos, periodistas y autoridades) compara constantemente la gripe A con la Estacional, a la que, por cierto, está desplazando. Sin embargo, el estricto control de la pandemia que están realizando los gobiernos y la OMS hasta el momento no les ha permitido (a la prensa tampoco) hacer algo muy sencillo: elaborar y publicar una simple tabla de cuatro celdas de datos, comparando la morbilidad y la mortalidad de las dos gripes. Resulta que no pueden. Entre tanta información, que no es lo mismo que “conocimiento”, lo más relevante, lo más sencillo, no está.

Mientras tanto, los grandes medios siguen amarilleando el tema. Aunque de cuando en cuando publican algún que otro llamamiento a la tranquilidad, le están sacando bastante más rédito al muerto cotidiano. Y el Gobierno persiste en su voluntad de emplear la vacuna “más o menos” masivamente.

Tanto, que algún médico ha comenzado a cabrearse con esa persistencia, pasando de desaconsejar tranquilamente la vacunación masiva, a proponer abiertamente a la Ministra de Sanidad que se vacune ella y todos los miembros de los gobiernos central y autonómicos. Como a Laura en su comentario del 8 de septiembre, le resulta ofensivo que esta gripe, hasta ahora más que inocua, esté haciendo olvidar a todos (sociedades, medios, gobiernos…) un montón de enfermedades infecciosas y otros problemas sanitarios que anualmente siegan la vida de millones de personas en el mundo.

Sin necesidad de recurrir a ninguna teoría conspiratoria, lo cierto es que la gripe A no sólo está desplazando a la común como epidemia, sino que está desviando la atención social mundial de otros problemas mucho más graves. A bote pronto, y entre unos cuantos, ahora se me ocurren dos.

Cómo no, en primer lugar, la crisis financiera mundial, que lo es también del capitalismo, hay que subrayarlo. Se nos está olvidando que tiene responsables con nombres y apellidos: los grandes banqueros. Que su avaricia es la principal causante de esta hecatombe para tantos millones de personas. Y que continúan siendo igualmente inmorales, provocando el enojo del propio Obama, que no es precisamente un comunista.

Pero también nos está impidiendo conocer otros datos de esta crisis, más relevantes e inquietantes aún, que se ocultan o apenas se ventilan ante el “gran público”. Por un lado, no es una crisis desconocida ni tampoco inesperada, porque en Japón ya se produjo localmente a comienzos de los años noventa, exactamente por las mismas razones y con las mismas consecuencias. Por otro lado, el mote que mereció esta crisis se conoce bastante menos socialmente: “la recesión yakuza”. El comisario francés Jean-François Gayraud así la denomina (en la página 250 de un libro suyo, publicado en francés en 2005, bastante conocido) porque estuvo provocada por la penetración de la mafia japonesa en la economía legal. Y advertía, a partir de la página 251, que la familia Gambino de Nueva Cork había hecho lo mismo con la sociedad de inversiones Merrill Lynch, una de las primeras en caer en 2008, y comprada por el Banco de América por 44.000 millones de dólares para evitar su derrumbe.

Y, en segundo lugar, la crisis ambiental, que también lo es de la forma capitalista de relacionarse con la naturaleza (hay otras formas, claro). Las grandes potencias contaminantes no terminan de asumir sus responsabilidades, recortando sus emisiones de gases de efecto invernadero hasta los niveles que les corresponde. Si no lo hacen, estallará una grave crisis ambiental antes de 2020, de consecuencias mucho más graves que la actual crisis económica, y que la gripe A, por supuesto. Pero nosotros quietitos, por si nos da la gripe.

18 septiembre 2009

Continúa la campaña mediática sensacionalista sobre la gripe A, aunque quizás con menos vigor que hace unos meses. Pero también está creciendo el número de testimonios y pronunciamientos de muchos especialistas, en los medios tradicionales y a través de la Red, insistiendo en la menor mortalidad de la gripe A frente a la estacional, y sobre todo desaconsejando la vacunación masiva. Y como un gesto vale más que mil palabras, la mayoría de los médicos españoles tampoco piensa vacunarse contra la gripe A. Sus razones no tienen desperdicio. Por un lado, la morbilidad de la gripe estacional entre el personal sanitario que no se vacuna habitualmente no es superior a la del que sí lo hace. Por otro, tienen serias dudas sobre la eficacia de la vacuna.

Sin embargo el Gobierno mantiene la posibilidad de inocular la vacuna masivamente, y ya comenzó a probarla en varios centenares de niños. Sigue atrapado (como los gobiernos autonómicos y la Oposición) por su necesidad imperiosa de “gobernar”, de hacernos creer que puede hacer frente a todo con éxito. Un buen ejemplo son los planes de respuesta en los centro de enseñanza. Pese a su pretendida exhaustividad, no son más que un enorme brindis al sol.

Son muy prolijos en detalles; no se les escapan las barandillas, los teclados o los ratones. Pero olvidan la afectividad en los contactos personales entre nuestros niños y jóvenes; los simples desplazamientos individuales y colectivos entre distintas dependencias de los centros; y las mil y una peripecias cotidianas de nuestras escuelas e institutos. Dan la sensación de estar diseñados por personas que jamás han pisado un Centro. Y así ha sido: unos cuantos sindicatos denuncian que esos planes se han hecho de espaldas a la opinión del profesorado.

Además, para que esas medidas tuvieran un éxito suficiente haría falta una auténtica legión de limpiadoras en cada centro, y otra legión de niños y jóvenes absolutamente obedientes. Lo segundo es del todo imposible. Y lo primero también, porque, como denuncian igualmente los sindicatos, al menos algunas comunidades autónomas no han asignado un solo euro adicional para afrontar los nuevos gastos.

Eso sí, amparándose en la “autonomía de las escuelas para concretar y ejecutar sus propios planes” (y que, paradójicamente, están perdiendo para todo lo demás) esas administraciones dejan su éxito o fracaso en manos del profesorado. Un brindis al sol y con gaseosa.

6 septiembre 2009

Hasta hace pocos días, el Gobierno de España, y los de todas sus comunidades autónomas, de acuerdo con la Unión Europea, se proponía vacunar una buena parte de sus escolares y también al profesorado contra el virus de la gripe A antes de finalizar el año 2009. Ahora, con algo más de cordura, los niños han quedado “fuera de los grupos prioritarios a inmunizar”, aunque sigue abierta la posibilidad de vacunarlos masivamente: España ha reservado dosis para el 60% de su población, casi 28 millones de personas. Tengo una hija en Primaria y soy profesor de Secundaria. En caso de que finalmente decidan hacerlo, y si no cambio de opinión durante las próximas semanas (“hasta los chimpancés cambian de opinión”), no pienso permitir que la vacunen a ella, ni aceptar que me vacunen a mí.

Muchas madres y padres que esperan con cierta ansiedad la vacunación de sus hij@s, movidos por una comprensible inquietud, pueden considerar este Blog una excentricidad, y a su autor, cuando menos, un inconsciente. Pero me consta que comparto puntos de vista con otras muchas personas y, espero, también las intenciones.

Este Blog no se plantea iniciar un proceso de “desobediencia civil”. No es necesario. La legislación ampara a quién pudiera negarse a ser inmunizado. Pero sí pretende contribuir a la campaña de “contravacunación” (que es contrainformación) frente a los “otros virus” que están acompañando y sobredimensionando al “Influenza A”, hasta el punto de ser los verdaderos creadores de las actitudes y decisiones de los organismos internacionales y de los gobiernos nacionales. No es un objetivo sencillo. El volumen de información sobre esta dolencia, generalmente en el mismo sentido, es enorme y eclipsa problemas mundiales de una gravedad infinitamente mayor: las entradas en Google sobre la nueva pandemia son ya más de quince millones, mientras que las relacionadas con el “hambre” (vieja asesina anual de 35.000.000 de seres humanos) superan escasamente los nueve millones. Por eso, llegado el momento, el rechazo colectivo de la vacuna podrá ser un buen indicador de nuestra inmunidad frente a esos otros virus parasitarios del Influenza A, de nuestros cuerpos, y de nuestras mentes.

¿Por qué? Las razones para no vacunarse contra la gripe A son varias y de diversa naturaleza. Para empezar, las vacunas en general tienen muchísimos y poderosos defensores. Pero también se enfrentan a unos cuantos detractores. Es posible que algunos parezcan un grupo de cuatro iluminados. No obstante, los casos de efectos negativos, en ocasiones mortales, que documentan constituyen un registro fehaciente de datos y una base sobre la que discutir, si no las vacunas en sí, al menos las campañas masivas de inmunización.

Y en este caso hay motivos suficientes para hacerlo. Primero porque es nueva, y no tiene a su favor la experiencia de años de uso: se desconocen totalmente sus efectos a medio y largo plazo. Y segundo porque la OMS ha permitido acortar el proceso de producción, en contra de las últimas etapas que esta misma organización ha establecido, precisamente las que se ocupan del control de calidad: ¿qué nos van a inocular? Incluso el Grupo de Asesoramiento Estratégico de Expertos sobre Inmunización de la OMS ha desaconsejado determinadas medidas para vacunar rápidamente a la población, por los riesgos que encierran.

Como el Tamiflu, que tanto ha enriquecido a Donald Rumsfeld y asociados. La OMS igualmente ha autorizado prolongar (esta vez) su fecha de caducidad a todos los estados que lo consideren oportuno. Sus efectos adversos (algunos graves) entre los niños, detectados y denunciados recientemente, no parecen disuadir a la OMS en su política de acortar por aquí y alargar por allá.

¿Y frente a qué? ¿A qué monstruo biológico nos enfrentamos? Los especialistas no cesan de repetir, por todos los medios, que el virus Influenza A es más inocuo que el de la gripe común. Quizás posea una mayor tasa de morbilidad (proporción de la población afectada con respecto a la total), pero es menos letal, mata bastante menos. Las cifras son rotundas: la gripe común provoca cada año en España miles de muertes, y centenares de miles en el mundo, siempre muchas más que la gripe A. Y la morbilidad del H1N1 es ridícula comparada con la de otras enfermedades infecciosas de mayor gravedad. Es cierto que la OMS ha pronosticado una explosión de gripe A para el próximo invierno. Pero este pronóstico posee la misma credibilidad del que hizo en 2005: provocó un pánico mundial advirtiendo que podrían morir varios millones de personas a causa de la gripe Aviar y finalmente se contaron 272 fallecimientos.

Además, no sabemos todo esto gracias las bases de datos estadísticos de la OMS. Su política informativa no está siendo todo lo transparente que puede y debe ser. Sobre todo si, como ellos mismos repiten hasta la saciedad, estamos sufriendo una pandemia muy seria. Hace ya varios meses la versión en español de su “Atlas de Salud Mundial”, que contiene “datos y estadísticas normalizados sobre las enfermedades infecciosas a nivel de país, regional y mundial”, está fuera de servicio. Aunque se puede acceder en otras lenguas, su consulta no es sencilla. Ofrece datos sobre el número de casos registrados de las diversas cepas, pero desagregados por semanas, y nunca sobre su mortalidad. Es cierto que sus “Estadísticas Sanitarias Mundiales” ofrecen una selección de enfermedades infecciosas, entre ellas la gripe A, aunque “casualmente” no la común. También cuenta con una desigual sección de “Estadísticas Regionales”. La europea, la más completa, realiza consultas muy exhaustivas; tanto que sólo los profesionales pueden hacerlas con éxito, porque conocen los códigos específicos de cada enfermedad con que la aplicación obliga a trabajar a sus usuarios. Las estadísticas del Ministerio de Sanidad español oponen la misma dificultad. Todo muy lejos del gran público.

Pero muy cerca de indiscutibles intereses económicos. Se ha reiterado que está en juego la normalidad productiva de todas las empresas (y, en ese sentido, los “intereses económicos generales”) a causa de las bajas que la pandemia pudiera provocar. Con todo, la alarma creada y las cifras que se barajan son exageradas y falsas: la gripe común está afectando a más personas en todo el mundo y a nadie parece preocuparle tanto, ni antes tampoco.

Sin embargo, lo realmente indiscutible y que suscita más acuerdo social, es que los intereses de determinadas corporaciones transnacionales han estado presentes en este problema de principio a fin. Para empezar ya no hay dudas de que el brote se originó en México, a causa de la “inmunda actividad” (no hay mejor forma de calificarla) de la principal productora mundial de carne de cerdo, como nos recuerda Ignacio Ramonet en el número 164 de Le Monde diplomatique. A esto se debe añadir la revalorización farmacológica (y, obviamente, económica) del Tamiflu, cuyos stocks podrán rejuvenecer dos añitos para continuar en los estantes de las farmacias. Y, por supuesto, el enorme pelotazo de la vacuna. Todo a costa de los presupuestos públicos, de nuestro dinero.

Y también a costa de quienes necesitarán la vacuna realmente, millones de habitantes de los países empobrecidos, cuyos sistemas inmunológicos están particularmente debilitados por el hambre y la malnutrición, o las enfermedades crónicas, y con una muy deficiente atención sanitaria. Médicos sin Fronteras denuncia que el acaparamiento de vacunas por los países más ricos en tan poco tiempo (antes de fin de año) va a concentrar los peores efectos de esta pandemia en la otra parte del mundo, casi todos los seres humanos de este planeta. La mayoría, no hay que olvidarlo pese a lo equívoco de la terminología habitual (“norte/sur”), se encuentra en el hemisferio norte.

A mi juicio, son suficientes razones para rechazar la vacuna. Aunque no todas, Julián Alterini expone la mayoría en “Operación Pandemia”. Este vídeo pudiera parecer sensacionalista, quizás por su estilo. Pero, muy al contrario, no practica el sensacionalismo, que el Diccionario de la Real Academia define como Tendencia a producir sensación, emoción o impresión, con noticias, sucesos, etc. Justamente revela información concreta y veraz, y proporciona claves para entender lo que está sucediendo. Está muy lejos del desasosiego que los medios de masas, salvo algunas muy honrosas y brillantes excepciones, están provocando en la población, presentando el problema diariamente como un “suceso”: número de afectados, nuevas muertes, etc.

Aunque alguna entidad “supuestamente seria” se ha unido al coro de agoreros, la racionalidad parece abrirse paso cuando estoy concluyendo estos párrafos. Hasta el punto de hacer el Blog menos necesario en sus propósitos informativos. Será porque las grandes empresas farmacológicas implicadas en esta operación de “marketing por miedo” ya han hecho su agosto, con la estrecha colaboración de la OMS, al igual que en 2005.

El papel de la prensa ha sido asimismo muy importante. Aunque pudiera darse algún caso de intereses comunes, no ha jugado de cómplice, sino repercutiendo acríticamente los mensajes institucionales, sobre todo de la OMS (Pascual Serrano explica estos procesos en su libro Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo). En este contexto, los gobiernos han sido también más víctimas que coautores, azuzados igualmente por el temor: a una imagen de debilidad, a la impopularidad, a las encuestas, a los partidos de la oposición, a las próximas elecciones…

Pero no ha sido una conspiración, precisamente por su descaro. Así que habrá que añadir a nuestra negativa a la vacunación una nueva exigencia: ¡¡que nos devuelvan el dinero!!